
Soy un torbellino, como un puñado de sal dentro de una coca-cola, nada me puede parar. Y sí, hago y haré todo lo que me de la gana. Aunque por otra parte tengo que aprender a mantener la boquita cerrada, o en este caso, los dedos quietos.
De todos modos, ¿A quién le importa lo que haga?, no tengo que dar ningún tipo de explicación a nadie, y mucho menos a un puñado de personas que no me conocen. Este es mi momento, en el que empiezo a vivir sin ningún tipo de complejo y sin pedir opinión a nadie. Empezamos a vivir a partir de ahora.
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