Eh tú, pequeño ingenuo. ¿Aún piensas que la vida es color de rosa? Sí, te lo digo a ti, quita esa cara de idiota y empieza a ver las cosas desde una perspectiva distinta. El mundo va al revés.
Supongo que a partir de ahora tengo dos caminos, ser el mismo chico amable, educado y simpático de siempre al que todos tratan como un cero a la izquierda y siempre es el último de la fila, siendo hazmereir de cuanto mamones y desgraciados por mi vida han circulado; o ser un verdadero cabrón, hijo de puta como tantos. Andando por la vida con suerte, por solo llevar en la frente un cartel que diga: dichoso por tratar mal a la gente.
Este es el sin fin de sensaciones que vienen por momentos y que llegan sin llamar para quedarse. Mis ojos se han cansado de mirar; ya no puedo mantener la vista al frente sin que nadie se ría en mi cara por ser un calzonazos, primo, o un sin fin de singulares sinónimos. Nada puede hacer cambiar a este mundo que todavía anda en pañales; en un último atisbo de esperanza, puedo llegar a pensar, que es poder inexistente, reside en nosotros mismos, y que con un poco de amor, cariño y un toque de azúcar, tú y yo, podemos sacar el mundo adelante.
Salvemos el planeta. Siempre que he visto esa pegatina me he echado a reír. Salvemos el planeta. Para qué. Y de quién. ¿De nosotros mismos? Y Dios, ¿qué? ¿Puede ayudarnos? Creo que no. Dios nos dio lo que tenemos para ver cómo lo utilizábamos. Unas ratas en una jaula lo hubieran hecho mejor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario